02.06.2020

Depresión

La tristeza, la apatía, la sensación de soledad, el desaliento, la desgana, la pena, son palabras asociadas a la enfermedad de la depresión.  La tristeza es una emoción natural al igual que la alegría o el miedo. Cuando esa tristeza se hace constante afectando en todos los ámbitos personales ( personal, laboral,…), cuando te afecta de manera recurrente y constante en tus pensamientos es necesario pedir ayuda. Las coaches no tratamos enfermedades psicológicas, podemos actuar  en paralelo y a demanda de la persona que la padece, junto con los profesionales de salud que se dedican específicamente a ello y ayudar en la búsqueda de motivación o simplemente escuchando desde otro punto de vista. Este blog nació para expresar y compartir pero sobre todo para escuchar y visibilizar emociones vengan de donde vengan. Es por esta razón, que hoy comparto un escrito de una amiga al preguntarle sobre emociones en la depresión. Ella es una enferma crónica y nos cuenta su experiencia para hacer visible lo que a fecha de hoy sigue siendo en muchos casos una enfermedad desconocida.

CUÁNTAS VECES HEMOS DICHO A LO LARGO DE NUESTRA VIDA “ESTOY DEPRE”….

(Escrito por Pepa Rubio, mayo 2020 para #Withoutfilters)

Cuando lo decíamos sin más, no podíamos imaginarnos la barbaridad que eso podía suponer para una persona que realmente estaba padeciendo una depresión…

El desconocimiento general sobre enfermedades mentales, como es la depresión, hace que se banalicen.

Emociones totalmente encontradas era lo que sentí en mi primera depresión. Vamos a decir que tenía todo lo que se puede desear para ser “feliz”. Una familia estable, tres hijos maravillosos, ningún problema económico… en fin todo. Pero yo me sentía mal. No sabía descifrar muy bien qué era lo que me pasaba. Llenaba mi vacío y tristeza interiores con compras compulsivas de mil cosas que no necesitaba. Seguía sintiéndome vacía. Yo misma no me entendía.

Externamente parecía que estaba bien, pero el esfuerzo que tenía que hacer cada día para levantarme, cuidar de mis hijos, atender a las tareas diarias… era inmenso. Cada momento que tenía más o menos libre en casa era para estar en la cama y dormir. Mientras dormía no pensaba ni sentía. Era mi refugio.

Fui a ver a un psiquiatra, aunque mi ex-marido me decía que lo que tenía eran tonterías, y me dio unas “pastillitas” que me harían verlo todo mejor. Hasta ese psiquiatra no me tomó en serio, y eso fue muy grave, porqué las “pastillitas” no consiguieron nada. Nada más y nada menos que hundirme en la miseria. Cada vez peor. Cada vez más desorientada. Cada vez más sola. Cada vez más triste. Cada vez más desesperada. Cada vez con mi autoestima más baja. Cada vez intentando remar más fuerte contra corriente. Hasta que ya no pude seguir adelante…

Quizás si ese médico que me trató con poco interés profesional lo hubiera enfocado diferente, no hubiera caído poco a poco al fondo del pozo.

Afortunadamente, con el paso del tiempo, conseguí encontrar a personas, médicos y tratamientos que han hecho que hoy pueda estar aquí compartiendo experiencias y emociones.

Yo soy una enferma crónica, es decir, cada cuanto tengo una recaída. Pero la experiencia hace que cada vez te des cuentas antes de que el bajón se acerca, así que casi puedes poner la tirita antes de cortarte.

Mi cronicidad ya la he aceptado y eso me deja seguir viviendo y apreciar lo bueno que la vida me ofrece cada día. La aceptación y el reconocimiento son de lo más importante para conseguir tener un buen vivir, a pesar de todo.

Cuando, a día de hoy, hablo de este tema, no pretendo asustar a nadie. No hablo de astenia, cansancio o un bajón de ánimos, que a todos nos afecta en algún momento. Hablo de depresión.  Intento transmitir que, aunque cuando estás viviendo esta enfermedad parece que nunca vas a poder superarla, no es así. Se puede salir. Con ayuda lo primero, porqué en esos momentos una no tiene fuerzas para nada y necesita de un “ángel” a su lado, (yo soy afortunada porqué he tenido dos), medicación, trabajo psicológico y ganas de llegar a encontrarte bien en un futuro.

Lo único que quiero es compartir MIS EXPERIENCIAS y MIS EMOCIONES, que son personales e intransferibles con los demás. Porqué cada uno lo vivirá de una manera diferente.

Una de las razones por la que os explico todo esto, es porque creo que puede ayudar a personas que puedan sentirse directa o indirectamente cerca de una depresión, para que sepan identificar los síntomas y sin demora busquen ayuda.

También va dirigido a personas que no saben lo que es una depresión, para que nunca la minimicen, que se la tomen realmente en serio y que cuando crean que se topan con ella la reconozcan y sepan actuar.

A veces puede parecer una lucha inútil, pero hay que hacer PROSELITISMO de estas enfermedades. Que la gente escuche, pregunte y entienda. Y después ayude.

Con la depresión aprendes a convivir. No sin esfuerzo, pero cuando no tienes un “episodio” puedes vivir, ser feliz, disfrutar de las cosas y de las personas, de los amigos que te entienden y te aceptan con tus cargas personales. Y nunca forzar la máquina. Cuando no puedas, para. A mí me ha costado interiorizarlo, pero cuando no puedo, no puedo. Y Paro.

Imagínate que la depresión es un monstruo que viene a verte. Te asusta hasta que se va.

Puede ser que no vuelva nunca más, pero si vuelve ya le reconocerás y tendrás más armas para luchar contra él.

 

Muchas gracias Pepa¡

Y a tod@a aquellas personas que me leéis os invito a  hablar de emociones, de como os sentís, qué es lo que os emociona. Déjame tus comentarios, tus propuestas, tus escritos , tus dudas, porque  #juntossomosmejores y las emociones son lo que mueve el mundo. Feliz semana a cada uno de vosotr@s.