24.04.2019

PANIC IS PERFECT



«Hay que ser muy valiente para vivir con miedo.
Contra lo que se cree comúnmente,
no es siempre el miedo asunto de cobardes.
Para vivir muerto de miedo,
hace falta, en efecto, muchísimo valor». (Ángel González)



Hace poco más de dos años, el 8 de marzo de 2017, escribía: El miedo ¿te hace correr o te detiene? ¿A qué tienes miedo? ¿Le tienes miedo al miedo? Pues corre…. Go go go.. Lo escribía recién diagnosticada de un cáncer de mama.  En aquel entonces, y después de superado un accidente de moto mortal y un parto gemelar y sin ningún tipo de consciencia emocional decidí “enfrentarme” de nuevo a las circunstancias que irónicamente la vida ponía en mi camino. Publicaba incluso frases como “…cuando una va a la guerra…”, “…mi ejército personal…”. Dos años después, cuando me paro a pensar, veo que el miedo era a lo desconocido. No sabía que me deparaba el futuro. Quería anticipar mi vida. ¿Qué iba a pasarme? Saber. Suponía, una y otra vez, diferentes versiones del porqué a mí de nuevo. Suposiciones. En estos dos años, con un postgrado de emociones, certificada como coach y reinventada por tercera vez en mi vida, ayudo a otras personas a no “ir a la guerra” ni en enfermedades, ni en separaciones, ni en grandes o pequeños cambios.

El miedo es una EMOCIÓN.

Una emoción válida, legítima. Una emoción que depende de la percepción que tenemos de nosotros mismos. ¿Cómo nos vemos? ¿valientes? ¿cobardes? Qué nos decimos y cómo nos lo decimos. ¿Cómo nos hablamos en general? Tenemos miedo cuando sentimos que no tenemos recursos, que nos falta algo, en situaciones de estrés, cuando anticipamos, cuando suponemos. Cuando buscamos certezas. ¿Tenemos los recursos necesarios para la situación que lo provoca? El miedo es resistencia, genera incertidumbre, ansiedad y sobre todo inseguridad.

Es un dolor que en general sufrimos silenciosamente, que no hablamos. Crees que, si lo verbalizas perderás la fuerza, o te tacharán de cobarde, o que mostrarlo te hace débil. De alguna manera piensas e incluso crees, que si lo verbalizas algo saldrás perdiendo. Y entonces, lo camuflamos. Lo camuflamos a los demás e incluso a nosotros mismos.

Es fácil reconocerlo si escuchas. Si te escuchas. A veces lo expresamos en forma de ira, otras en forma de tristeza. Utilizamos palabras del tipo “estoy asustado”, “me siento en peligro” “siento angustia” “tengo una sensación extraña” “no bajo la guardia” “voy con el corazón desbocado” “¿y si…?” y muchas más… El miedo se camufla en otras emociones. Todas legítimas. Todas nuestras. Todas universales.

En mi caso, las dos palabras que me hicieron hacer el “click” fueron la de afrontar (en lugar de enfrentar) y aceptar. Qué pasaría si a la pregunta de ¿y si…? Te respondieras ¿y si no…? Enfrentar y afrontar son parecidas, pero no iguales. La elección entre una y otra, marcará la diferencia en nuestra acción final, en nuestra respuesta frente a ese miedo. Y en definitiva, como un efecto mariposa, en nuestra vida.  No tienes que enfrentarte a nada ni a nadie, no estás en guerra, no vas a una lucha… Si en lugar de “enfrentarte”, afrontas esas situaciones que te lo generan, una enfermedad crónica, o sin cura, una pérdida de alguien querido, la soledad, la pérdida de trabajo, separaciones, … con el miedo perfecto, con tu miedo legitimado, con tu tristeza y tu ira… con tus emociones al descubierto, con consciencia, sabrás ponerles los recursos necesarios para gestionarlas sin dañar a otros, sin dañarte a ti mismo. Aventúrate a salir a esa zona desconocida, a abrirte a ese desconocimiento de lo que es el fluir de las emociones y gestiónalas. Gestiona y acéptalas #emoflow. Para, toma consciencia, recurre a tus valores, a aquello por lo que vibras. Y piensa, ¿qué te falta?, ¿qué oportunidades estás perdiendo por el miedo?, ¿qué te limita?, ¿con qué recursos personales cuentas?, ¿son suficientes?. Date espacio, escúchate y siente.  Siente confianza y amor hacia ti mismo. Elije CONFIANZA. Y si solo no puedes, busca tu recurso. Te escucho. Te acompaño.