06.11.2018

MININO MININO

 


– “Minino de Cheshire”, empezó algo tímidamente, pues no estaba del todo segura de que le fuera a gustar el cariñoso tratamiento; pero el Gato siguió sonriendo más y más. “¡Vaya!

Parece que le va gustando”, pensó Alicia, y continuó: “¿Me podrías indicar, por favor, hacia dónde tengo que ir desde aquí?”.

– “Eso depende de a dónde quieras llegar”, contestó el Gato.
– “A mí no me importa demasiado a dónde…”, empezó a explicar Alicia.
– “En ese caso, da igual hacia dónde vayas”, interrumpió el Gato.
– “…siempre que llegue a alguna parte”, terminó Alicia a modo de explicación.
– “¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte”, dijo el Gato, “si caminas lo bastante”.

(Fragmento de “Alicia en el País de las maravillas” de Lewis Carrol)


 

Cada una de las circunstancias que he vivido, me ha llevado por nuevos caminos, nuevas aventuras, nuevas vidas. Cada momento, cada tristeza, cada alegría. Algunas escogidas por mí, otras por la vida. A veces, cuando empiezas a andar, tienes claro el camino, sigues una ruta, un mapa, aunque sea imaginario. Otras, lo descubres mientras caminas. Y te pierdes. En diferentes ocasiones.

Y otras veces sabes que, por mucho que corras, que te esfuerces, no llegarás a ninguna parte.

Vamos por la vida sin tener claro qué queremos. Adónde nos dirigimos.  En general, el destino es llamado felicidad, la consecución de una vida plena.

Algún idiota escribió una vez que, para tener una vida plena, debías escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo.

Yo solía escribir. He escrito un par de libros, diría si me preguntasen. Exactamente tres. Todos en circunstancias más que lamentables. Épocas de tristeza inmensa. Tristeza de la que ahoga el alma. Mis libros muestran tal sufrimiento, que una vez escritos no los he querido volver a abrir. Por algún lado debía salir tanto dolor. Al escupir las palabras liberaba mi alma.

Hijas tengo dos maravillas. Dos, que vinieron juntas porque todo lo hago a lo grande. Su llegada fue “adolorosa” (reconozco que no sentí mucho dolor porque esa vez yo no estaba en este mundo de manera consciente). El dolor lo sufrieron aquellos que velaban a mi alrededor.

Y el árbol… el árbol está plantado junto a otro que no pude plantar por su tamaño, que me recuerda que esta vida, con todo su dolor, con todo su sufrimiento, con todas las alegrías, es finita y que hay que creer. Creer y confiar. Confiar y creer en un mensaje del tipo “Donde estaríamos mejor que aquí”. Porque la vida plena es eso, estar aquí. Vivir, caminar, perderse y volverse a encontrar.

He plantado un árbol y multitud de flores, he escrito tres libros y he tenido dos hijas, pero lo que realmente me da la vida plena, lo que realmente me ha dado la vida, son sus caminos, con destino y sin, donde me he perdido y vuelto a encontrar. Y  sé que la vida  para mí es disfrutar del camino. Un camino lleno de posibilidades, de amor. AMOR en mayúsculas, de miedos, dudas, tristezas y también de alegrías. Lo sé al conoceros,  al unirme a cada uno de vosotr@s, al mundo. Formo parte del universo con todas mis emociones. Como una canción. Puesto que una canción nunca es solo triste o alegre, es más, mucho más de todo. Como el mar.

Busca tu camino, deja de esperar.

Y si caminas lo bastante….– “Siempre llegarás a alguna parte”, ….